martes, 25 de septiembre de 2012

Sukine: comida coreana en un rincón de Patronato


Llegamos con Anna a Sukine (Antonio López de Bello 244), un restaurant coreano al cual ya somos asiduos clientes. El lugar es bastante conocido en el sector, por lo que a quien pregunten les dirá como llegar.

Frío, frío…

Como todo en el barrio Patronato, en Sukine nada es especialmente lujoso. Es un lugar austero, casi sin decoración, algo que difiere bastante de muchos restaurantes asiáticos (en su mayoría chinos) a los que estamos acostumbrados. No hay más imágenes que las que exponen con fotografías los platos que vende el restaurant. Las mesas son pequeñas y sin mantel, lo cual es común en restaurantes coreanos así como la distribución de las mesas.
Con tubos fluorescentes blancos, la iluminación es más parecida a la de un hospital que a la de un restaurant, lo cual  sumado a lo frío que puede llegar a verse, parecería no tener atractivo alguno, parecería…


Annyeonghaseyo!

Si bien Patronato es quizás uno de los barrios más cosmopolitas de Santiago y al caminar por las calles no es raro ver coreanos, árabes o chinos, entrar a Sukine es una experiencia totalmente nueva. Al abrir las puertas de vidrio (igual de frías como el resto del restaurant) dejas de escuchar español. El Sr. Ho, su dueño, un coreano que se hace entender perfectamente en español nos saluda con un alegre annyeonghaseyo” (hola en coreano) como si fuésemos parte de la casa y con una sonrisa nos invita a pasar.

 Esta vez logré diferenciar mesas de chilenos, chinos, árabes, gringos, franceses y coreanos. Es aquí donde comienza la experiencia de respirar no solo los aromas de los fuertes condimentos, sino que el sentirse que dejas de estar en Chile por un momento, ¡incluso los meseros son peruanos!

Manos a la obra

Al igual que en muchos países asiáticos, los coreanos comen con palillos, así que quien no se maneje en el arte de su manejo, ¡comience a practicar!

Si es primera vez que “comen coreano” les llamarán la atención los “panchan”, pequeños platos de diferentes picoteos totalmente gratis que puedes  pedir las veces que quieras. El protagonista de estos es el famoso kimchi, un encurtido de repollo chino picante y fermentado que es tan bueno como el aceite de bacalao que les daban a nuestros padres.

Esta vez pedimos “ossam bulgogi”, el corte de “guata” de cerdo (el mismo que se usa para hacer tocino) que cocinas en una cocinilla a gas que te traen a la mesa, el cual viene con dos porciones de arroz glutinoso con porotos morados (¡adiós arroz graneado!), lechugas frescas, aceite de sésamo,  salsa especial coreana de porotos fermentados y láminas de ajo, ingredientes que tienen una peculiar manera de ser comidos.

 Luego de unos minutos de cocción, la manera de comer difiere a lo que estamos acostumbrados. Tomas la lechuga, la abres y pones un poco de arroz dentro; luego un poco de cerdo untado en salsa y aceite de sésamo; una lámina de ajo y un poco de kimchi. Cierras todo como un saquito y lo comes. La crujiente textura de la lechuga, lo jugoso de la carne, los aromas de la salsa coreana y el aceite de sésamo se coronan con el leve picor del ajo crudo. 

De este plato comen tres personas perfectamente y tienes tiempo para entretenerte, conversar e ir poniendo de a poco toda “la carne a la parrilla” para ir disfrutando de la experiencia de reunirse nuevamente en la mesa pero disfrutando sabores nuevos y a un precio no muy alto (15mil pesos, lo cual incluía agua mineral por cortesía de la casa).

¡Recomendable!



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